Hace algunos días Reporte Indigo hizo una dura crítica al gobernador Jaime “El Bronco” Rodriguez tachándolo de “incapaz de terminar algo” (http://www.reporteindigo.com/reporte/monterrey/jaime-rodriguez-gobierno-proyectos-inconclusos-anticorrupcion-canales). Como botón de muestra esa misma columna menciona obras que en algunos casos quedaron en buenas ideas y que en otros siguen inconclusas. La linea 3 del metro; hospitales; un nuevo penal en Mina; y a estos habría que sumar las tareas pendientes del Bronco en materia de seguridad, combate a la corrupción y sustentabilidad ambiental, áreas en las que el gobierno ha puesto especial énfasis, al menos en el plano retórico.

La incapacidad del actual gobierno puede que tenga su origen en la formula electoral conocida como “independiente”, pues a diferencia de los partidos políticos, los gobernantes independientes carecen de cuadros político-administrativos que puedan soportar una estructura burocrática que desarrolle profesionalmente a sus funcionarios y les provea incentivos de permanencia a largo plazo. Las desventajas organizacionales de una administración independiente en relación a una de partido son mayores que sus ventajas.

Por un lado, como ya mencionamos, está el tema de los cuadros político-administrativos, que si bien en algunos casos pudieran transformarse en verdaderas camarillas que se apropian de un sector del gobierno, la verdad es que la mayoría de las veces producen expertos de la administración pública pues esos funcionaros han dedicado su vida entera a trabajar en el sector público. Por otra parte, una administración independiente carece de una sucesión, al menos formalmente. El Bronco podrá apoyar a un futuro candidato independiente, sin embargo, los partidos políticos al tener la posibilidad de volver a ganar una administración pueden garantizar la permanencia de cuadros y darle continuidad a proyectos de largo plazo. Este hecho hace que los burócratas “independientes” tengan incertidumbre de lo que pasara con el futuro de sus empleos.

A estas dos cuestiones, le podríamos sumar una tercera. La rivalidad entre Secretarios y otros actores políticos creada por una falta de liderazgo o disciplina partidista. A lo largo de su historia, los partidos crearon códigos de disciplina que han servido para mantener su fortaleza como organización. Como es de costumbre, el jefe máximo del ejecutivo estatal se vuelve el jefe del partido. En la versión independiente no existe una plataforma equivalente y por esa razón se percibe un gabinete en ocasiones indisciplinado y rivalizado entre ellos mismos.

Sobre el gabinete, recordemos que en un inicio, el escenario estaba conformado por cuatro frentes de batalla. Fernando Elizondo, Manuel González, Cuauhtemoc Antúnez y Roberto Flores lideraron equipos políticos que constantemente se enfrentaban unos contra otros en su búsqueda por avanzar sus agendas personales, diferenciadas por la falta de un liderazgo que definiera con firme las estrategias y objetivos del gobierno. Hoy sabemos que el vencedor de esta pugna fue Manuel Gonzalez, pues es el único que permanece en el gabinete. Lo interesante para el análisis está en los costos técnico-administrativos que está absorbiendo una estructura gubernamental que se percibe cada vez menos capaz de avanzar sus intereses.

Este es el problema del Bronco. No tiene cuadros que le permitan seguir avanzando en su búsqueda por la silla grande. El Gobernador debe formar un equipo que le brinde una estructura política y administrativa que opere sola. Sin equipo es imposible gobernar.