Por Jorge A. Lumbreras Castro.

 

Las niñas y los niños han ocupado diferentes roles y funciones en las sociedades a través de la historia, en todos los casos enfrentaron y enfrentan los mayores efectos de las contradicciones sociales, diferencias culturales, desigualdades económicas así como la falta de leyes para brindarles protección y el déficit de eficacia para aplicar esas leyes. En Occidente, aún hace menos de un siglo los animales tenían más derechos que las niñas y los niños; durante la Revolución Industrial fueron objeto de las peores formas de explotación, abuso y maltrato; en las dos guerras mundiales se les utilizó violando los preceptos más elementales o fueron víctimas de la barbarie, misma situación viven en conflictos internos o regionales.

Hoy millones de niñas y niños en el mundo enfrentan las peores formas de explotación como trata de personas, trabajo en minas y canteras, laboral, marginación, hambre, violencia, y enfermedad, a la par que la delincuencia organizada los utiliza en las más diversas formas, todas ilegales y lesivas.

Entre estas condiciones y circunstancias que lastiman la condición de dignidad y libertad así como los derechos elementales de las personas más pequeñas e indefensas, aparece la desaparición de menores de edad, que en los últimos años en México y en el mundo se incrementó de forma sustantiva como se aprecia en las cifras disponibles. Para una madre o un padre no hay mayor dolor que perder un hijo, pero la angustia y la desesperación son inenarrables cuando no se sabe qué paso, dónde está, si vive, y si es así, con quién y qué le sucede cada día.  La desaparición de un menor alcanza a toda la familia, a la escuela, a la comunidad y a todos los espacios de socialización y convivencia.

Podrían citarse aquí aportaciones de personas y organizaciones expertas en la situación de víctimas que enfrentan padres, madres de familia, niñas y niños, y que hicieron de su apoyo a las víctimas un deber de vida, empero, baste decir que el dolor es insoportable, que cada día hay un intenso vacío del amanecer al anochecer y que ese dolor no termina;  no saber dónde está una hija o un hijo, es en la radicalidad humana, la situación en que se unen todos los miedos.

Los peores miedos de una madre o de un padre se tornan un sentimiento indescriptible, intenso e inagotable, por ello la búsqueda incansable, la sed de justicia, el intenso grito, el justificado reclamo y la esperanza que no se agota de encontrar y de saber qué pasó; el derecho a la verdad entonces se devela en toda su magnitud, en su pertinencia humana, y en su necesidad jurídica; nada de esto es fácil ni sencillo, aun la verdad reclama sensibilidad, protocolos y conocimientos, se trata de comprender, de ser en el otro, y de comprometerse.

La “Convención sobre los Derechos del Niño” que se aprobó en 1989, define a un niño como la persona menor de 18 años y México suscribió esta Convención. Así las cosas, la desaparición de niños en México de 0-18 años, con base en los datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), que desarrolló el Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas (RNPED)(1), a la fecha son los siguientes:

Para el fuero federal:

 

  • 0-4 años de edad hay 23 personas no localizadas;
  • 5-9 años de edad hay 9 personas no lozalizadas;
  • 10-14 años de edad hay 19 personas no localizadas;
  • 15 a 19 años hay 101 personas no localizadas.

Para el fuero común:

  • 0-4 años: 397 personas no localizadas;
  • 5-9 años: 392 personas no localizadas;
  • 10-14 años: 1,567 personas no localizadas;
  • 15-19 años: 4,425 personas no localizadas.

En el RNPED el mayor número de personas no localizadas tiene entre 15 y 19 años, siguiéndole los grupos de 20-24 años con 3 mil 816 personas no localizadas y el de 25-29 años con 3 mil 810 personas no localizadas.

Ante esta situación, donde cada caso es importante, se presenta un debate inacabado sobre lo que sucede con las niñas y los niños desaparecidos, debate en que se reportan diferentes datos y conceptos que van desde el secuestro hasta la sustracción del menor por los padres, pasando por el robo, y la explotación sexual.  Por ejemplo, en el año 2012 existía el Registro Nacional de Personas Extraviadas de la entonces Secretaría de Seguridad Pública (SSP) Federal; información periodística señala la existencia de un documento de casos frecuentes, en que ese organismo afirmó: 1. Se ubicaba al  70 por ciento de los menores extraviados entre 0 y 12 años.  2. Estas desapariciones representaban el 86 por ciento de todas las que ocurrían entre 0 y 18 años.  3. Sobre el tipo de desapariciones, el documento detalló que 67.4 por ciento correspondió a sustracción ilegal, 10.5 a desaparición, 9.3 a una ausencia voluntaria, un porcentaje similar a robo, 2.3% a extravío y 1.2 a secuestro.  4. Del total de menores desaparecidos, 55.8 por ciento eran mujeres, el resto hombres.

Sin embargo, estos datos son del año 2012, en la actualidad, la revisión de documentos oficiales plantea las siguientes aproximaciones:

  1. La desaparición de menores es un concepto general y a su interior existen o se tipifican delitos como: trata, secuestro, venta de pequeños a padres que no pueden tener hijos -no se habla aquí de la llamada renta de úteros, incluso el Vaticano denunció el tráfico de órganos de niños emigrantes o indocumentados entre México y Estados Unidos, y el delito de desaparición forzada de persona;
  2. Un delito que muestra crecimiento es la trata de personas, y al seno de este delito están las niñas y los niños;
  3. La información sobre el destino de niños y niñas desaparecidos está compartimentada o dividida en diferentes delitos por lo cual es difícil conocer la problemática con datos duros en un sólo documento;
  4. Se presenta una polémica en cada tipo de delito entre las autoridades y las organizaciones sociales en lo relativo a su magnitud e incidencia en los menores

Lo cierto es que resulta sustancial el combate frontal a toda desaparición donde esté involucrada la delincuencia, en especial los delitos de trata de personas, secuestro y lo que se denomina “venta” de menores, asimismo, habría de sancionarse con mayores elementos la sustracción de un menor por alguno de los padres, más aún si se considera que la alienación parental es una materia por incrustarse de forma sistemática en la práctica del derecho en México, sucede aún que tras la sustracción el menor no quiere ver a su padre o madre porque ha sido sujeto de una alienación, y el padre o la madre es nuevamente victimizado.

La sustracción ilegal, la trata, el robo, el secuestro, el tráfico de órganos y toda otra práctica ilegal que comprometa a las niñas y los niños, amerita un esfuerzo mayor de las instituciones del Estado y de la sociedad civil. Hoy se dispone de nuevas leyes, de organismos especializados para enfrentar estas prácticas, y de mayores conocimientos. En evidencia, la prevención es sustancial, pero lo importante es erradicar a las organizaciones que se dedican a estos delitos al costo que sea necesario, en el marco del debido proceso.

(1) Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas. https://www.gob.mx/sesnsp/acciones-y-programas/registro-nacional-de-datos-de-personas-extraviadas-o-desaparecidas-rnped